Europa y el fascismo
Resumen del libro
"El hombre que odia es un hombre con una lupa y cuando odia a alguien conoce la superficie del otro a la perfección, desde las plantas de los pies dentro de sus zapatos hasta los cabellos, agitados por el viento sobre su odiada cabeza"
"Ella respondió: -Mi miedo ...
"El hombre que odia es un hombre con una lupa y cuando odia a alguien conoce la superficie del otro a la perfección, desde las plantas de los pies dentro de sus zapatos hasta los cabellos, agitados por el viento sobre su odiada cabeza"
"Ella respondió: -Mi miedo es más grande que el suyo. -Si, Madre, pero usted siente miedo por Irmgard, no por usted. -El miedo es el miedo -replicó ella. Y yo respondí: -Alguien que quiere hacerse pasar por salvador del mundo y que no lo es no puede hacerle a usted nada. Entonces dijo ella: -El verdadero salvador siempre envía antes a los falsos salvadores para que le preparen el camino... primero debe venir el odio con su miedo, después el amor".
Hermann BROCH 1
Sumario: 1. Heller y la teoría crítica del fascismo. 2. Caracterización del fascismo: La interpretación de Heller. 3. Fascismo y Trabajo.
1. Heller y la teoría crítica del fascismo.
Heller realiza una investigación de campo con un propósito análogo al que realizara entre nosotros Fernando de los Ríos respecto a Rusia 2. También es afín el resultado de condena del modelo, en un caso el fascismo, en otro, el bolchevismo. Su relación con el fascismo era compleja y personal, ya que en él residía la doble condición de socialista y de judío; y había sido privado de su cátedra de Derecho público en Frankfurt am Main 3. En su libro "Europa y el Fascismo" afronta el estudio detenido y riguroso del régimen fascista italiano, y es de realzar que lo hace desde la doble perspectiva política y jurídica. Su reflexión se sitúa en un determinado momento de la historia política europea, y se inserta en un momento del desarrollo interno de la ciencia política y jurídica.
La incorporación de las masas en el área de la ciudadanía política supuso una mutación de los sujetos de la política y de las formas políticas4. Con esa mirada atenta y capacidad de percepción inmediata de las cuestiones relevantes de su tiempo, Heller observó que parece como si nuestra época no acertara a dar una configuración política satisfactoria a la democracia social de masas. Las formas y normas tradicionales no parecen estar a la altura de esta empresa. De todos modos, la fe en las posibilidades de dar una conformación democrática a la sociedad, deformada por revoluciones burguesas y proletarias, está muy quebrantada. En la democracia de masas pluralista es mayor la dificultad de conseguir una unidad, porque en la democracia son todos los ciudadanos los que están llamados a colaborar en la decisión de los medios y fines de la formación de la unidad política 5. En todo caso, Heller navega peligrosamente por el sendero de la relación entre el "pueblo como unidad" y el "pueblo como pluralidad", al afirmar que la democracia es el predominio del pueblo como unidad sobre el pueblo como pluralidad. Siempre subsiste el pueblo como unidad preexistente, como nación política 6. El problema de fondo es atender a la interrogante relativa a qué contenidos serán capaces de reducir a unidad política la actual democracia social de masas. El proceso de secularización ha hecho decaer el factor religioso, desplazado por la idea nacional, el factor más poderoso de la integración política interior y exterior de las democracias europeas. Pero en la etapa de internacionalización de los mercados y de crisis interna de clase, el Estado nacional no ha encontrado el acomodo necesario para continuar siendo elemento aglutinante. Su misma virtualidad unificadora depende del condicionamiento representado por la existencia efectiva de un contenido común de valores, al que nada afecten las luchas políticas. Es ahí -en esa problemática comunidad de valores presupuestos- donde debe descansar la democracia social de masas. El proceso de racionalización formal tampoco había contribuido decisivamente a crear nuevas formas de integración por valores compartidos (significativamente, Heller reclama aquí las reflexiones de Max Weber), porque precisamente "este mismo espíritu (formalizador de reducirlo todo a sistema con la pretensión de convertir el mundo a toda costa en una unidad lógica, matemática) inspiraba el carácter, cada vez más calculador de la economía capitalista y de la democracia cuantitativa de masas" 7.
En gran medida, objeta Heller, el liberalismo y el marxismo plantean la muerte del Estado ("muere el Estado"): "La ley jurídica y universal del liberalismo acusa rasgos esencialmente naturalista-económicos, y la necesidad económico-técnica del marxismo vive de fuertes influencias idealistas y anarquistas, como la ilusión utópica de la extinción del Estado y de todo orden de Derecho. El Derecho queda desprovisto de valor: el formalismo jurídico culmina en el pensamiento de Kelsen, según el cual todo Estado es, naturalmente, un Estado jurídico, porque el Derecho es, con independencia de los valores y la realidad, una forma autónoma para un posible contenido cualquiera. El diagnóstico político-crítico es contundente: esa descomposición del Derecho tiene que conducir forzosamente a destruir el Estado. Piensa que todo Estado y el Derecho tienen que legitimarse "por virtud de ideales jurídicos concretos". Su crítica al positivismo jurídico se ofrece nítida y sin ambages: en una perspectiva realista, solamente posee autoridad aquella soberanía que, por determinados contenidos normativos, mueve la voluntad a una unidad política, de manera que el puro logicismo no puede comprender el Estado individual, ni explicar una sola disposición jurídica. El positivismo jurídico tan sólo podrá, o bien elevar a lo absoluto un estado de cosas momentáneo, o bien, sin renunciar completamente al ideal del derecho natural, prometer un desenvolvimiento, determinado por leyes naturales, en el seno de un paraíso terrenal, donde los egoísmos individuales pondrán convivir sin colisión. Y es que, en efecto, no hay comunidad política de aspiraciones, ni comunidad jurídica, sin una base común de valores políticos compartidos. Pero es aquí donde reside, donde se localiza, la causa profunda de la crisis política de Europa (nótese la lucidez para clarificar las dimensiones espaciales y espirituales de la crisis cultural y civilizatoria europea de su tiempo histórico). En el desquiciamiento de esta base de valores está la honda razón de la crisis política de Europa 8, y sólo un modo de pensar que, despreciando el conocimiento de la realidad, se consagra exclusivamente al conocimiento por el conocimiento y separa radicalmente la teoría de la práctica, incurriendo respecto de esta última en el agnosticismo; sólo un pensamiento semejante puede aceptar una teoría del Estado que, como el racionalismo del siglo XVIII, considera la religión como una patraña de los cursas y el Estado como una ficción o una abstracción. Va también, derechamente, a la línea de flotación del pensamiento político-jurídico de Kelsen: con el apogeo de las direcciones formalistas el Estado se ha trocado en algo irreal, en una abstracción o ficción, porque no parece ya digno de crédito su valor sustancial, esencial. La eliminación positivista de todos los contenidos simbólicos ha demolido los fundamentos no sólo del Estado, sino de la cultura 9.
Se ha advertido, con razón, que la historia de las interpretaciones del fascismo es extraña y singular, existiendo posiciones interpretativas encontradas 10. El fascismo es, sin duda, un experimento político de hondas implicaciones.
Es lo cierto que la aparición del fascismo conecta con la época de crisis y su incidencia negativa en clases más desfavorecidas. Se ha advertido en 1948 que era casi imposible describir lo que realmente sucedió en Europa el 4 de agosto de 1914. Los días anteriores y los días posteriores a la primera guerra mundial se hallan separados no como el final de un período y el comienzo de uno nuevo, sino como el día anterior y el día posterior a una explosión de magnitudes impresionantes, actuando así como un catalizador. La primera explosión parece haber desencadenado una reacción en cadena en la que estamos envueltos desde entonces y que nadie parece poder detener 11. Era, ciertamente, un lugar común constatar la crisis del Estado moderno, como premisa para la defensa de la instauración de una forma de Estado orgánico, en cuyo marco el Estado sería la suprema síntesis de las energías jurídicas inmanentes 12. El Estado fascista era el "Estado nuevo": nuevo por el espíritu animador, pero formalmente casi sin variar porque, con mucha sabiduría, fue conservado, especialmente al principio, todo lo que fue posible conservar de la preexistente estructura política, que en gran parte era el resultado de las precedentes revoluciones 13. Esta forma de Estado llevaría aparejada una "estatalización" de la dinámica de ciertas formaciones sociales y jurídicas. Por Ley de 3 de abril de 1926, las fuerzas económicas y las correspondientes organizaciones profesionales fueron introducidas en el ordenamiento del Estado 14. Por su parte, un autor tan significativo en la intelectualidad de su época como Karl Larenz hará notar que "el nacionalsocialismo no es ningún elenco de soluciones improvisadas, sino una irrupción del espíritu, la cual abre una nueva perspectiva y con ello sitúa asimismo al pensamiento ante nuevas tareas" 15.
Información básica
| Autores | Heller, Hermann |
|---|---|
| ISBN | 978-84-9836-138-4 |
| Editorial | Comares |
| Materia | Ciencias Sociales - Comunicaciones - No ficción |
| Idioma | Español |
| Colección | Crítica del Derecho * Arte del Derecho |
| Edición | 1 |
| Num. páginas | 216 |
| Fecha Publicación | 01-12-2006 |
| Encuadernación | Rústica |
| Edad recomendada | Lectores con edades entre los 13 y los 17 años |
| Formato | Formato Libro Normal |
Estudio preliminar "El fascismo y la crisis política de Europa",
por José Luis Monereo Pérez
Nota preliminar
I. La crisis política en Europa II. Pseudorrenacimientos políticos
III. La renovación fascista de los contenidos políticos
IV. La renovación fascista de la forma política
1. La Dictadura
2. El Estado de partido unico
3. El Estado corporativo
4. El Estado fuerte
V. ¿Estado de derecho o dictadura?
Apéndice
La "Carta del Trabajo" en Italia fascista
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