I. SOBRE BRANCUSI
El arte moderno ha buscado obsesivamente la originalidad, que es el primer criterio de la obra ingeniosa. Es cierto que los artistas se han aburrido siempre de las formas ya realizadas, y que ese cansancio ha impulsado la renovación artística. Hay un agotamiento de las formas, sometidas a un ciclo vital completo, con su estadio infantil y balbuceante, su plenitud, vejez y muerte, que los grandes artistas diagnostican con genial agudeza. Ellos son los adelantados de la fatiga, los que perciben la decrepitud de los estilos cuando los demás aún los requiebran. El azogamiento es característica común al arte ayer, hoy y siempre.
JOSÉ ANTONIO MARINA
1. Vida y obra. La evolución hacia la abstracción
A principios del siglo XX, artistas de todo el mundo, deseosos de inspirar el aire modernista que flotaba sobre París, emigraron a la capital francesa para conocer y experimentar con absoluta libertad nuevas ideas y técnicas artísticas.
Se cuenta que el 14 de julio de 1904 (el día de la Bastilla), tras una larga y penosa travesía a pie desde su natal Pestisani Gorj, en Hobitza (Rumanía), alcanzó el epicentro del modernismo un joven Constantin Brancusi (1876-1957). Ese mismo año llegó de Barcelona Pablo Ruiz Picasso, al que en 1906 siguió Amadeo Modigliani y, en 1910, el ruso Marc Chagall, que se instaló en un estudio contiguo al del artista italiano y no muy lejos de Francis Léger y del lituano Chaim Soutine. A ellos se sumaron, entre otros, Joan Miró, Man Ray, Diego Rivera, Igor Stravinsky, James Joyce, Ernest Hemingway, Samuel Beckett, Scott Fitzgerald, Isadora Duncan, Gertrude Stein, John Dos Passos o George Balanchine. Todos parecieron darse cita en París.
Entre 1870 y 1880 se había desarrollado en esta ciudad un nuevo movimiento artístico llamado impresionismo que, aunque ya no aspiraba a reproducir de manera precisa el mundo de las cosas sino el mundo personal, fue juzgado demasiado superficial por el público de su época. Hacia finales de la década de los ochenta, los expresionistas, encabezados por Gauguin, calificaron aquella corriente como "el abominable error del naturalismo" 1 y acusaron a sus miembros de insubstanciales y de imitar la realidad en lugar del espíritu de las cosas. Más tarde, en 1905, recibieron un segundo embate por parte de los denominados fauvistas, entre los que se contaban Matisse y Derain.
Brancusi se refugió en un estudio de un callejón de Montparnasse, el número 11 del Impasse Ronsin, donde se entregó febrilmente a su oficio, ajeno a las normas, expectativas y decepciones de la sociedad. En ocasiones, invitaba a sus amigos a degustar comida rumana, escuchar jazz y música popular de su país. De humilde origen campesino, había estudiado escultura en la Escuela de Artes y Oficios de Craiova entre 1894 y 1898 y en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Bucarest, de 1898 a 1902. En 1904 amplió sus conocimientos de arte en su viaje hacia París, a su paso por Budapest, Viena, Múnich, Zúrich y Basilea. Allí, continuó su formación en la Escuela de Bellas Artes, entre 1905 y 1907.
En 1906, algunas de sus piezas más realistas se exhibieron por vez primera en el Salón y el Salón de Otoño, donde embriagaron a Auguste Rodin, a la sazón la figura más preeminente de la escultura, quien le propuso trabajar en su taller. El truculento Brancusi se marchó de allí al poco tiempo, convencido de que "a la sombra de un gran árbol nada puede crecer", aunque siempre profesó una profunda admiración por su mentor, a quien consideraba el pionero de la escultura contemporánea. De hecho, la influencia de Rodin y de los impresionistas se hace evidente en sus primeras creaciones, como La musa dormida de 1906 y La oración, una mujer atormentada de rodillas simplificada a partir de una inicial versión figurativa que, si bien formalmente todavía resulta algo convencional, participa de un rasgo característico de la madurez de su autor: la simplicidad o ausencia de detalles. La obra posterior, en cambio, ya denota un innegable esfuerzo por apartarse del escultor francés.